Hola a todos, y bienvenidos de vuelta a este blog. No tenía pensado hacer esta entrada (esperaba que las cosas fueran por otro camino) pero, cuando la vida te da limones, intentas hacer limonada.
En fin, que aquí estoy, sentado en la mesa del ordenador, mirando hacia el taller... Y sin saber qué hacer.
No es por cosas que hacer. Ahora os contaré lo que tengo en la montaña de pendientes, donde la Marea Gris es sólo una parte, y cómo voy a intentar afrontarlo porque, y lo digo en serio, es MUCHO. O, cómo oí una vez en un monólogo, "mucho más que muchísimo y muchísimo más que demasiado".
Antes de contaros cómo estoy afrontando el problema, voy a daros un resumen de lo que tengo encima de la mesa. Será sin fotos, porque si no seguramente entrase en detalles y estaría hablando de ello... Mucho rato.
En el apartado de escritura, tengo dos historias empezadas. No son historias cortas, sino cosas que llevarán meses o años de trabajo hasta estar terminadas, y que me estoy tomando con calma. Una de ellas es un fanfic de Fallout 4, que reescribe parte de la historia para hacerla más creíble y, hasta cierto punto, más humana. Es mi primer intento serio en escribir una historia larga con su introducción, nudo y desenlace, y ajustar las cosas al canon está costando, a pesar de que lo conozco bien.
La otra es más complicada. Se trata de una historia de fantasía, de magia, con dos protagonistas diferentes, cada uno con su propio ritmo narrativo, y con una intención en mente que no es sencilla de plasmar sobre el papel. No sabéis la cantidad de ideas que he escrito y descartado porque, al releer, se alejaban demasiado de esa intención o no eran lo bastante buenas.
En un apartado similar, el de juegos de mesa, tengo uno con el reglamento bastante avanzado y las cartas medio diseñadas, y otro que ya lo tiene casi todo y que me toca balancear y equilibrar. No tiene demasiadas mecánicas ni variables, pero hay demasiadas combinaciones que tengo que mirar con detalle, intentando evitar que se escapen de lo que creo que debería ser el juego.
Seguimos con los juegos de rol, y tengo un reglamento casi acabado, otro a medias basado en The Division con una campaña introductoria y al menos otra campaña aparte sin un sistema definido pero que se podrá adaptar rápidamente a algún sistema de tiradas (espero).
Y para el final de esta sección, estoy con un wargame de naves espaciales.
Fijaos todo lo que llevo, y todavía no he llegado a la parte de taller de impresión, electrónica y pintura.
En el apartado de impresión, no tengo nada pendiente de imprimir. Las impresoras están cogiendo polvo estos días, mientras pienso en lo siguiente que imprimiré. Seguramente, algo de alguno de los Kickstarters que he ido patrocinando estos años y que me gustaría hacer tarde o temprano. Pero, por ahora, Anette, Arti y Lydia están esperando en su sitio.
Tengo un par de proyectos en la cabeza, con diseños bastante avanzados, pero que no tengo materiales para poner en marcha por ahora. Tengo la misma sensación que cuando diseñé y construí mi cámara de curación de resina: son diseños sólidos que van a funcionar, siempre que me ciña a los planos. Seguramente les dedique algo de trabajo extra y acabe publicando los proyectos por si alguien quiere replicarlos, pero de momento sólo están en papel y en mi cabeza. Uno de ellos es una cámara de pintura plegable y portátil, algo que pueda recoger cuando acabe de usar el aerógrafo y guardar en algún sitio pequeño. El otro proyecto es más complicado, y consiste en poner un plato giratorio a la cámara de curación. No lo tengo muy claro todavía, pero creo que lo que me falta es tiempo para madurar la idea.
Por la parte de pintura, tengo MUCHAS cosas pendientes. Os lo dejo en formato lista, que seguramente acabe antes:
- Nova: una figura de 20 cm con peana que empecé a imprimir y pintar hace 3 años y que he ido retomando y dejando con el tiempo. Cuando me paro a pensar en ella, me balanceo entre "cómo pude ponerme con algo tan grande para lo que no estaba preparado" y "no me puedo creer que llegara tan lejos". No sé muy bien lo que pasó después, porque creo que puedo acabarla y acabarla bien, pero se fue quedando al margen, ha ido pasando el tiempo y creo que se me ha atragantado, en ese punto en que no avanzas pero tampoco sabes por qué, ya que lo único que necesita es dedicarle tiempo.
- Motoko: un encargo que acepté y que se acabó cayendo y que, como con Nova, era demasiado para mí. Aunque es más pequeña que Nova (15 cm), se me acabó haciendo más grande, porque además del trabajo de imprimir y pintar también diseñé algunas piezas para hacerla más impresionante. Al final, era un conjunto de diseño, impresión, ajuste, relleno, pintura, detalles... Demasiadas cosas para un pintor novato y mediocre como yo. Más de lo que podía abarcar. No la he descartado, pero no consigo encontrar ese punto de motivación que me lleve a acabarla.
- Warhammer Fantasy: hace muchos años comencé un ejército de Altos Elfos. Creo que he jugado dos o tres partidas en toda mi vida, pero me gustan las miniaturas y el código de color que usé. El problema es que son demasiadas. Tengo lanceros, arqueros, espadachines, dos clases de caballeros, armas de asedio, magos, héroes, infantería de élite... No las he contado, pero probablemente tenga más de 70 miniaturas, en todos los estados posibles (pintadas, imprimadas, montadas, pendientes de despintar...). Hay batallones, héroes, figuras sueltas... Demasiadas tareas, y cuando pienso en ello se me van las ganas.
- Warhammer 40K: parecido a Fantasy, tengo un montón de miniaturas que montar y pintar, y que no voy a jugar porque no me gusta el juego. Las miniaturas me gustan mucho (tengo T'au y tecnosacerdotes) y seguramente sean para exponer, pero al no tener presión ni un plazo para pintarlas las he ido aparcando poco a poco. Como con las miniaturas de Fantasy, tendré unas 70 miniaturas en total, incluyendo vehículos, y tengo el mismo problema que con Fantasy: demasiadas tareas diferentes para acabarlas.
- Helldivers: hace unos meses imprimí unas miniaturas que encontré de Helldivers 2. Son 4 miniaturas, cada una con un rol diferente. No son revolucionarias, y el trabajo de impresión fue mediocre (resina de mala calidad), pero me gustan. Están montadas, imprimadas, con el color base y las peanas con algo de decoración, así que no es trabajo que haya que empezar desde cero. Voy a dedicarles un rato este mes, a ver si puedo acabarlas.
- Secreto: tengo un proyecto más del que no puedo hablar, por si acaso, pero que quiero hacer especialmente bien y que necesitará más tiempo del que normalmente dedicaría a algo así. Es personal, y la clase de cosas que hay que hacer bien a la primera. Ya os contaré.
Al final, tengo muchos proyectos en demasiados estados y áreas y, al no avanzar sustancialmente en ninguno, no tengo ganas de trabajar en nada. Esto no significa que no avance: la mayoría de los proyectos de escritura eran postits o notas perdidas en un cajón hace un par de meses. Pero al no poder quitarlas de la lista de pendientes, terminan desmotivando.
Algunas de estas ideas tienen potencial para ser vendidas. Los juegos de mesa, por ejemplo, tienen posibilidades. No va a ser fácil ni rápido, pero es posible. Y aunque el dinero puede ser un buen incentivo para trabajar en el taller, ni siquiera esa idea me motiva para ponerme a trabajar.
Así que, ¿cómo encontrar motivación para avanzar en tantos proyectos con tanto pendiente por hacer?
Haciendo trampas.
Y ahora estarás pensando en a) ¿cómo se hace trampas con el hobby? y/o b) ¿no estarás haciendo que otro haga el trabajo por ti?
Y no es que esté haciendo que otra persona trabaje por mí, sino que estoy replanteándome mi relación con el hobby o, mejor dicho, cambiando la forma que tengo de mirar cómo hago las cosas dentro del hobby.
Cuando uno empieza con un proyecto, sea el que sea, lo mira y enfoca de una manera. Pensando en ello, creo que miramos el hobby del mismo modo que miramos el resto de nuestra vida o, por lo menos, es mi caso: pongo el proyecto sobre la mesa, lo divido en etapas, divido las etapas en pasos y calculo, más o menos, lo que voy a necesitar para cada uno. No se trata de tenerlo todo a mano desde el minuto uno, sino de saber qué puedo necesitar y cuándo, y planificar si necesito comprar una pintura, una pieza o una herramienta, y que no tenga que detenerme en mitad de una racha creativa porque me falta una imprimación o unos alicates.
Para mí, la fase de planificación del proyecto es de las más importantes, si no la más: aquí es donde sé (o creo saber) si voy a poder hacerlo o no. Mi problema ha sido que, si empiezo un proyecto, es porque estoy motivado para ello, y cuando lo estoy, no hay problema que no tenga solución. Pero no siempre tengo ese nivel de motivación, y entonces es como intentar hacer un salto de altura ayudado de un palillo de dientes.
¿Qué he decidido hacer entonces? Añadir un paso más a la etapa de planificación, que he llamado "la caja del proyecto": pongo una caja en el taller donde quepa todo lo relacionado con el proyecto y lo guardo todo ahí. Eso incluye mis notas, como los colores que he usado, las ideas que he tenido para ponerlo en marcha, qué atajos he pensado tomar y cómo y, lo más importante, una hoja encima de todo que dice dónde me quedé y qué estaba pensando entonces.
La idea es poder abandonar el proyecto en cualquier momento y, cuando quiera retomarlo, tener mis notas que me digan qué pasó la última vez que trabajé en él. Como una especie de diario del proyecto que poder revisar, una mirada al pasado.
Cada caja tiene un sitio en la estantería del taller, y es una caja más grande que la caja original (si la tenía). La única norma en cuanto a las cajas es que se guardan en la estantería, y que si no caben en ella, no se puede arrancar el proyecto.
Hay varias ideas detrás de esto: por un lado, limitar la cantidad de proyectos que tengo en marcha a la vez. El espacio disponible en la estantería es limitado, y al usar cajas algo más grandes de lo que deberían me obligo a ver los proyectos como más grandes de lo que pensaba que eran cuando los planifiqué la primera vez. Si el proyecto es grande, ocupará mucho espacio en la estantería, como lo que ocupa en mi cabeza cuando pienso en él.
Por otro lado, y me parece lo más interesante, al meter los proyectos en cajas opacas no veo cómo son cuando no estoy trabajando en ellos, y no me agota pensar en todo el trabajo que queda pendiente en ellos.
El problema de tener muchos proyectos "a la vista" es que es imposible no pensar en lo que queda pendiente por hacer, en todo el trabajo que hay que dedicarle. Por muy motivado que estés, si los proyectos que puedes ver requieren 1000 h (por ejemplo), vas a terminar perdiendo las ganas de trabajar en ellos ("la meta está demasiado lejos"). Pero si el proyecto está en una caja opaca, con tus notas en el interior, y solamente tienes uno o dos proyectos sobre la mesa, es más sencillo que te centres en lo que tienes a la vista que en la cantidad de trabajo que tienes que dedicarle a otros proyectos.
Esta idea no funcionará con todo el mundo. En mi caso, funciona porque por mi forma de pensar si hay un problema a la vista, debo resolverlo lo antes posible. Al "esconder" el problema, al no tener tantas tareas pendientes a la vista, puedo centrarme en lo que quiero hacer sin que aparezca esa idea de que debería hacerlo todo cuanto antes.
Al final, un proyecto es como comerse un elefante: hay que dividirlo, trocearlo, prepararlo en trozos y comerse un trozo cada día. Intentar comerte el elefante en una sentada es imposible, inútil y lo único que consigues es un empacho y odiar lo que queda del elefante.
Algo que ya me ha pasado alguna vez.
Creedme cuando digo que me gusta lo que hago en mi taller, y creo que tener varios proyectos activos a a la vez es beneficioso, porque te permite cambiar a otra cosa si te encuentras con un muro o si pierdes las ganas de trabajar en ello por lo que sea. Sin embargo, tener demasiados proyectos abiertos al mismo tiempo es un problema, ya que te impide centrarte en ellos y, a medio plazo, hace que no puedas trabajar en ninguno porque te pueda la ansiedad.
Estamos de acuerdo en que mantener el orden en el taller es importante, pero mantener el orden en la cabeza y encontrar formas de separar y organizar los proyectos de forma que la ansiedad no te supere es igual de importante. En mi caso, la solución son cajas y meditación, pero para otras personas puede ser no iniciar un proyecto, o abandonar uno que ya no les motiva. Yo tengo claro que si quiero iniciar algún proyecto más voy a tener que abandonar uno de los que tengo en marcha, o tendré que anotar la idea y volver a ella más adelante.
De momento, voy a terminar de poner en marcha esta idea, que por ahora funciona. Con un poco de suerte, para final de mes habré terminado las miniaturas de Helldivers (que no les queda tanto trabajo) y un Lego que me han regalado esta Navidad y que creo que me va a costar dos o tres tardes.
Deseadme suerte ;)
No hay comentarios:
Publicar un comentario